Historia del 1º de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores (2/2)

En 1881 se constituyó en Pittsburgh la American Federation of Labor (AFL), Federación Norteamericana del Trabajo, que exigió en su primer congreso un más riguroso cumplimiento de la jornada de 8 horas para los que trabajaban en obras públicas. En su segundo congreso (1882), la AFL aprobó una declaración para que se extendiera el beneficio de las 8 horas a todos los trabajadores. En el cuarto congreso de la AFL (1884) se empezó a gestar la idea de realizar una gran huelga general indefinida, a nivel estatal y con el apoyo de todos los sindicatos de todos los sectores, que de una vez por todas consiguiese la reclamación que los trabajadores llevaban pidiendo desde hacía más de 20 años: jornada de 8 horas para TODOS los trabajadores. Tras muchas deliberaciones se concretó que dichas huelgas se realizarian en mayo de 1868.

La fecha acordada para el inicio de las huelgas fué el primer día del mes de mayo. Bajo el lema “¡A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de 8 horas por día!”, simultáneamente se declararon 5.000 huelgas y 340.000 huelguistas dejaron las fábricas, para ganar las calles y allí vocear sus demandas. Según avanzaban las huelgas por todo EEUU muchos gremios conquistaron las 8 horas sobre la base del mismo salario.

Pese a los éxitos parciales de algunos sindicatos y en algunos estados, la huelga en Chicago continuaba. Los trabajadores de esa ciudad vivían en peores condiciones que los de otras zonas de EEUU. Muchos debían trabajar todavía 13 y 14 horas diarias.

En esa misma ciudad el 3 de mayo una manifestación es disuelta de manera violenta por la policia, con un saldo de 6 muertos y docenas de heridos. Al dia siguiente, 4 de mayo, nuevas manifestaciones recordaban la carnicería del día anterior. En una de ellas, la de la plaza Haymarket, cuando la muchedumbre ya estaba reducida a unos pocos miles, 180 policías avanzaron de pronto sobre los manifestantes, ordenando terminar el mitin de inmediato y tomando posiciones para disparar. Ya se alzaban los fusiles cuando, desde el montón informe de los manifestantes, se vio salir un objeto humeante del tamaño de una naranja, que cayó entre dos filas de policías, levantando un poderoso estruendo y arrojando por tierra a todos los que se encontraban cerca. Sesenta policías quedaron heridos de inmediato y uno muerto, en medio de una gran confusión. Fue la señal para que se desatara un pánico loco y una carnicería más terrible que la de la víspera. Rehechos en sus filas y apoyados por refuerzos, los policías cargaron salvajemente sobre la multitud. El balance dejó un total de 38 obreros muertos y 115 heridos. Otros 6 policías alcanzados por la bomba murieron en el hospital.

Esa misma noche, Chicago fue puesto en estado de sitio, se estableció el toque de queda y la tropa ocupó militarmente los barrios obreros. Al día siguiente, la nación estaba conmocionada por los sucesos y la gran prensa no reparó en nada para calumniar a radicales, anarquistas, socialistas y trabajadores extranjeros, sobre todo a los alemanes, a los que se culpaba de todo.

Varios dirigentes sindicales fueron acusados con pruebas falsas de ser ellos quienes habían confeccionado, transportado hasta la plaza de Haymarket y arrojado la bomba que desencadenó la feroz matanza. Ninguno de los cargos pudo ser probado, pero todo el poder del gran capital, su prensa y su justicia, se volcaron para aplicar una sanción ejemplar a quienes dirigían la agitación por la jornada de 8 horas.

En 1887, tras un juicio amañando, los dirigentes sindicales Spies, Parsons, Fielden, Fischer y Engel fueron condenados a la horca. Pagaron con sus vidas el crimen de tratar de poner un límite horario a la explotación del trabajo humano. Schwab, Lingg y Neebey fueron condenados a prisión.

En 1893, un nuevo gobernador de Illinois accedió a que se revisara el proceso. Las diligencias practicadas por el juez  establecieron que los ahorcados no habían cometido ningún crimen y que “habían sido víctimas inocentes de un error judicial”. Schwab, Lingg y Neebey fueron puestos en libertad.

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Hoy más que nunca debemos recordar que no hay que dar ni un paso atrás en los derechos que hemos conquistado. Sólo teniendo presente lo que ocurrió, adquiere total significación la fecha designada desde entonces como Día Internacional de los Trabajadores.

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